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Los mejores de siempre: los Warriors frente a los Bulls

Klay Thompson quiere que sean recordados como los mejores. Para ello deben superar a los Bull de Jordan. ¿Pueden hacerlo?

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La historia no es solo el pasado. Las estrellas que se recuerdan no son simplemente viejos o ya retirados recuerdos. Dorsales que cuelgan en los pabellones. Ecos del pasado que parecen resonar en las gradas que levantaron una y otra vez. La historia también es presente.

Y esa historia quieren desafiar los Golden State Warriors.

 

Klay Thompson no se oculta: quieren ser los Bulls del siglo

Cuando se remememora la NBA, los grandes hitos, todos los aficionados miran por excelencia a un recuerdo cercano: los Chicago Bulls de los 90. Más próximos en el tiempo de lo que parece y cada día más lejanos. El baloncesto demanda otro grupo para la década. Y ya lo hay, aunque ellos aspiran a más.

Klay Thompson no lo oculta. En unas declaraciones a ESPN confesó que aspiran a ser los Bulls de nuestra era. Incluso, porqué no, a superarlos. Preguntaron al escolta, le dijeron que estos guerreros son lo más cercano que la liga ha visto a la inmortal compañía de Michael Jordan.

“Qué son, ¿seis campeonatos en ocho años? Así que, qué llevamos, ¿un tercio del camino? Estamos cerca, queda mucho, pero veo a los aficionados. Son como los que tenían los Bulls en los 90”.

Confianza en el bloque. Posiblemente el mayor titán ofensivo de la historia del baloncesto. Un maremágnum de recursos sostenido en un sistema defensivo de élite, un baloncesto horizontal y tan entretenido como imparable. Pocos esperan otro campeón que no sean los Warriors en los próximos cursos.

Las estrellas del pasado y las dinastías de antaño desprenden un aroma divino. Parece imposible si quiera cuestionar su integridad. Decir que los Warriors de Curry pueden superar a los Bulls de Jordan, por lejos que quede aún, es un sacrilegio para muchos.

La realidad es que tienen lo necesario para ser la saga más recordada de la historia del baloncesto.

 

Los Bulls dominantes y destructores

El nacimiento del “marketing” NBA. La revolución al tiranizar, por primera vez, sin necesidad de un pívot clásico dominante. Derroche de carisma. Y sobre todo, una figura asesina. Hay mucho más y el equipo de Chicago de los seis anillos no es solo Michael Jordan. Pero Michael Jordan era su avatar, su icono.

El ejecutor de enemigos que les convertía a ellos en antagonistas y el coleccionista de anillos que privaba a otros símbolos de tenerlos.

Porque los Bulls de los 90 eran Phil Jackson. El mejor entrenador de la historia. Capaz de avasallar la liga con dos franquicias distinas en dos décadas consecutivas y de entrenar a dos de las mayores bestias competitivas de siempre (Jordan – Bryant).

Y los Bulls eran mucho más. Scottie Pippen, la estrella reconvertida a escudero. El Robin de Jordan. Un Pippen que sin Batman a su lado demostró ser más animal todavía -21.7 puntos, 8.4 rebotes, 5.4 asistencias y 2.9 robos por partido los dos años sin Jordan en Chicago-. Y aun así los Bulls eran mucho más. Rompieron moldes y rivales cuando y como quisieron.

 

Los Warriors que amenizan y aburren la NBA

“Cada vez que los Bulls venían a la ciudad era el evento del año. Ahora es cuando vienen los Warriors, es un partido obligatorio. Y no lo damos por garantizado. Rara vez jugamos ante un pabellón que no está hasta la bandera y eso es muy especial”.

Seas seguidor, seas “hater” o seas neutral negar la belleza y el entretenimiento ofensivo de los Warriors es una insensatez. Un proyecto fraguado desde el trabajo duro y la defensa de Mark Jackson. Un proyecto que arrancó sus figuras en una reconstrucción desde el Draft.

Un proyecto que tuvo a Steve Kerr como perfeccionador y a Kevin Durant como consolación al ser engullidos por la historia. Su propia historia.

Los Warriors son el Oracle Arena, el pabellón más bonito y atronador de Estados Unidos -y probablemente del mudo-. Son decibelios de ruido que no dejan pensar a los entrenadores rivales, sacan de quicio a jugadores y encienden los cañones de sus propios hombres.

Son los Splash Brothers. La mejor pareja de tiradores de la historia, que además no son solo tiradores. Son mucho más. Es Draymond Green como reconversión del “center”. Figura inimaginable hace años y registros muy poco convencionales. Es la eficiencia máxima de Kevin Durant. Uno de los mayores talentos de la historia del baloncesto. Jugador rebautizado a corrector del aro y ejecutor criminal.

Los mejores son ellos y 2016 les enseñó a apretar. Nada está ganado hasta el último minuto. Y nadie espera otro campeón.

 

Klay no lo oculta, pero tampoco es un necio

Si bien los Bulls de Jordan y los Warriors de Curry son los equipos más dominantes que hemos visto y los mayores fenomenos mediáticos, aún están lejos. Y el propio Klay Thompson lo sabe.

“Creo que aún no estamos a su nivel, pero aspiramos a ser los Bulls del 2000. Aspiramos incluso a ser la dinastía que esté en el recuerdo de los aficionados de la NBA para siempre”.

Porque Curry no es Jordan, aunque ambos sean las referencias de dos conjuntos históricos. Porque batir el récord de victorias de la temporada regular (73-9 vs 72-10) de poco sirve si después la historia es testigo de cómo te remontan un 3-1 en Las Finales. Porque no son ese grupo asesino que sí eran los Bulls.

Un grupo cuyo hábitat natural era la presión, los séptimos partidos y no hacer prisioneros en Las Finales. Los Warriors aún están lejos.

Pero la historia se repite. Al igual que pensaban los seguidores de los Lakers del “showtime” o de los Celtics de Red Auerbach antes de la tiranía de Jordan. “¿Cómo van a ser los mejores de siempre?”. Así lo fueron, así lo son.

No podemos olvidar que la historia no es pasado. La historia se escribe día a día. Y los Warriors del 2000 tienen mucho potencial aún por explotar.

 

Foto: Scott Daniel Cooper / starting5online.com

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